Raquel Ortiz es asociada en el despacho Santamarina + Steta, cuenta con 12 años de experiencia profesional y se especializa en brindar asesoría legal en materia laboral y seguridad social al sector empresarial.

A pesar de que se han logrado cambios significativos en pro del reconocimiento a las mujeres y la equidad frente a los hombres, es posible que, en ocasiones, no sintamos un impacto directo en nuestro ambiente de trabajo.
Raquel Ortiz invita a identificar y reconocer todas aquellas actitudes, creencias, prácticas, ideas y sesgos inconscientes que contribuyen a esta desigualdad
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En un país en el que el 51% de la población son mujeres, pero únicamente 44% del total, tienen acceso a un trabajo remunerado, en el que además existe una brecha salarial del 27% respecto a los hombres. Un país, en el que únicamente el 8.7% de los puestos en consejos de administración y 35% de alta dirección, están a cargo de mujeres; resulta imprescindible formar parte de cualquier movimiento (para no llamarle lucha), que busque lograr la igualdad salarial, la equidad de oportunidades laborales en todo tipo de puestos, y eliminar los privilegios que actualmente concede, el hecho de ser hombre. 

Sin embargo, al vernos inmersas en estos movimientos, es inevitable encontrarnos bombardeadas de ideas, prácticas, actitudes, pensamientos y sesgos inconscientes, que enfatizan nuestra predisposición a creer que, cuando busquemos trabajo, un puesto de liderazgo, un aumento de sueldo, un esquema flexible, o el reconocimiento de nuestra autoridad, vamos a ser criticadas o demeritadas.

En mi opinión, el conjunto de estos dos factores es lo que provoca que, a pesar de que históricamente se hayan logrado cambios significativos en pro del reconocimiento a las mujeres y nuestra equidad frente a los hombres en el ámbito laboral, en ocasiones, no sintamos un impacto directo en nuestro ambiente de trabajo.

Es por esto, que considerando el ambiente privilegiado en el que tenemos la fortuna de practicar nuestra profesión, además de invitarte a que sigas participando en cualquiera de estos movimientos, hoy te propongo que practiques tomarte un momento, para identificar y reconocer, todas aquellas actitudes, programaciones, creencias, prácticas, ideas, pensamientos y por supuesto, sesgos inconscientes, que puedan estar contribuyendo a que no llegues al puesto que quieres, no pidas el aumento que te mereces, no alces la voz cuando algo esté mal, o no se te dé el reconocimiento que buscas; y una vez que lo hayas hecho, puedas trabajar conscientemente para eliminarlas de tu sistema.

Con esta propuesta, de ninguna manera pretendo excusar todos los demás factores que necesitan cambiar en el país, mi único objetivo es hacernos más conscientes y responsables de nosotras mismas y nuestro actuar en el ambiente de trabajo, para poder capitalizarlo en nuestro beneficio.

Así, mi primer punto es que te desintoxiques de todo lo que te predisponga a vivir una realidad en la que no te van a valorar, a reconocer, o en la que los hombres que son parte de tu ámbito laboral van a ser favorecidos. Y ojo, no me refiero únicamente a los comentarios, o pensamientos que tenemos o escuchamos todos los días; sino también al rol que como mujeres hemos tenido en la sociedad y a todas las partes de nuestra formación, que están orientadas a no alzar la voz, a no pedir, a no defender nuestras opiniones y a no auto reconocernos y valorarnos. Hazlo consciente y elimínalo poco a poco todos los días.

Mi siguiente punto, es poner en práctica el segundo y tercer acuerdo del libro de Miguel Ruíz. “No te tomes nada personal”, acuérdate que todos somos parte de la misma sociedad, en la que antes eran aceptadas muchas prácticas que hoy reconocemos incorrectas. Acuérdate que la lucha es en contra de los sesgos inconscientes y creencias que nuestra formación histórica nos ha dejado, tanto a hombres como mujeres; no así, en contra de los hombres. Entonces, por ilógico que te parezca, es posible que quien esté teniendo el comportamiento o actitud errónea, simplemente no se dé cuenta de ésta y no sea algo en contra tuya, lo que me lleva al acuerdo de “no hagas suposiciones”. Cuando sientas que te mereces algo, que no se te está reconociendo, que no estás siendo considerada, que algo no está bien o te molesta; no asumas que la persona que tiene el poder de decisión respecto a eso, ya lo sabe. ¡Díselo!, no solo creas que es evidente o que ya se debió dar cuenta, asegúrate de decirlo expresamente y de que te escuche. Sí, es difícil y la mayoría de nosotras no estamos acostumbradas a decir las cosas claras y directas, pero en muchas ocasiones y por absurdo que parezca, algo que resulta evidente para nosotras, no lo es para el que está enfrente.

Así entonces, mi último punto es ¡atrévete!, atrévete a ser diferente, rétate cada día, cuestiónate todo el tiempo, no tengas miedo de intentar algo nuevo, no temas cambiar de dirección las veces que sean necesarias, entrena la voz de tu mente para motivarte y ser tu principal fan, responsabilízate de tus “errores”, pero asegúrate de convertirlos en lecciones que te dejen un aprendizaje y te hagan crecer. No dediques un solo minuto más a pensar que espera el mundo de ti y concéntrate en lo que tú quieres, cambia los “no puedo” por “¿qué necesito para lograrlo?”. Asegúrate de que nada te detenga en ese camino que escogiste, ni siquiera tu propia mente; pero sobre todo, ¡nunca tengas miedo de brillar! 


Raquel Ortiz

Asociada CDMX

rortiz@s-s.mx